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Fuente....Cuando era integrante del arma de Ingeniería, al sentarse a una computadora, el miedo lo anulaba. En esa época el sargento Mario Casco ni se imaginaba que algún día tendría que dictar clases en un instituto superior.
A mediados de los 90 su vida giraba alrededor de las minas y los explosivos. Durante su carrera militar se especializó en desactivar campos minados. Por esa razón, estuvo en primera línea de combate en la guerra del Cenepa.
Casco recuerda que ingresaba a la zona selvática antes de las patrullas para limpiar el terreno. Una noche, le sorprendió una ráfaga de disparos y cayó al piso. Cuando el fuego cesó, intentó pararse y no pudo.
Una bala le perforó el fémur y su vida cambió radicalmente. Permaneció en un hospital durante 18 meses, curándose y pensando en su futuro. Presentía que su discapacidad le impediría volver a las tareas militares.
Su preocupación terminó en agosto de 1997. En ese mes se anunció la creación del Centro de Capacitación Informática (Cecai), para los ex combatientes del Cenepa con discapacidad.
Casco no dudó en inscribirse, pensado que sería una oportunidad para reintegrarse a la vida laboral. El primer día que asistió a clases -recuerda el sargento- se reencontró con amigos y compañeros que también tenían prótesis.
“Fue doloroso. Éramos diferentes y más reflexivos. Todos estábamos golpeados por esa fuerte prueba que nos puso la vida”.
El curso fue intensivo y duró cuatro meses. Los ex combatientes estaban listos para dictar clases. Hasta este año, en el Cecai se han formado como instructores 22 militares que tienen algún tipo de discapacidad.
Ellos son los encargados de enseñar a manejar los programas de computación a los conscriptos y a los habitantes de comunidades pobres de la frontera sur.
Según Lucía Pachacama, coordinadora del proyecto, en los últimos ocho años los militares han capacitado a 82 691 personas, en 32 centros. “La Escuela Politécnica del Ejército (Espe) nos facilita las instalaciones y la empresa privada nos ayuda con los equipos de computación”.
Casco se ha perfeccionado como profesor. A la experiencia que adquiere en cada clase se suman sus estudios en pedagogía que realizó en la Espe. En el aula se muestra muy activo, tiene paciencia con los alumnos y utiliza un lenguaje sencillo.
“Cuando hay oportunidad, les hablo de la vida, de los sueños, de los anhelos y hasta de la felicidad”, dice en un tono amable.
Jorge Bolaños es otro sargento que quedó discapacitado después de la guerra. Ahora domina los programas de computación Windows, Office, Outlook, Front Page, Acces e Internet. Sus conocimientos en esta área le han permitido ampliar su círculo social.
Además de dictar los cursos en el Cecai, tiene personas que le contactan con instituciones y organizaciones sociales que necesitan capacitación. “En estos últimos años llegué a entender que la desgracia de la guerra me ayudó a descubrir en mí otras capacidades. Alguna vez soñé con ser profesor, pero sin prótesis”.
De los 22 instructores, sólo ocho permanecen en el Cecai. Los 14 restantes salieron del Ejército y se abrieron campo en otras instituciones. Uno de ellos es Nelson Castillo, quien trabaja para la ONU, en el desminado.
Sus compañeros reconocen que él es de las personas que pocas veces pierde la fe. “Su deseo de superación es inquebrantable y a ratos se olvida que dos prótesis reemplazan a sus piernas”, dice Casco sin ocultar su admiración.
Los tres sargentos encontraron en la informática una alternativa de superación y alivio a su discapacidad. Bolaños reconoce que si no se arriesgaba a asistir a las clases, su vida estaría marcada por el dolor y el olvido.
Los centros de apoyo
Los instructores también se capacitan en pedagogía, ‘marketing’, relaciones humanas, administración de empresas y ventas. La Espe les da facilidades.
En la frontera sur hay centros en Shell Puyo, Cariamanga, Loja, Patuca, Arenillas, Lorocachi, Gualaquiza, Celica, Taisha y Zamora.
A mediados de los 90 su vida giraba alrededor de las minas y los explosivos. Durante su carrera militar se especializó en desactivar campos minados. Por esa razón, estuvo en primera línea de combate en la guerra del Cenepa.
Casco recuerda que ingresaba a la zona selvática antes de las patrullas para limpiar el terreno. Una noche, le sorprendió una ráfaga de disparos y cayó al piso. Cuando el fuego cesó, intentó pararse y no pudo.
Una bala le perforó el fémur y su vida cambió radicalmente. Permaneció en un hospital durante 18 meses, curándose y pensando en su futuro. Presentía que su discapacidad le impediría volver a las tareas militares.
Su preocupación terminó en agosto de 1997. En ese mes se anunció la creación del Centro de Capacitación Informática (Cecai), para los ex combatientes del Cenepa con discapacidad.
Casco no dudó en inscribirse, pensado que sería una oportunidad para reintegrarse a la vida laboral. El primer día que asistió a clases -recuerda el sargento- se reencontró con amigos y compañeros que también tenían prótesis.
“Fue doloroso. Éramos diferentes y más reflexivos. Todos estábamos golpeados por esa fuerte prueba que nos puso la vida”.
El curso fue intensivo y duró cuatro meses. Los ex combatientes estaban listos para dictar clases. Hasta este año, en el Cecai se han formado como instructores 22 militares que tienen algún tipo de discapacidad.
Ellos son los encargados de enseñar a manejar los programas de computación a los conscriptos y a los habitantes de comunidades pobres de la frontera sur.
Según Lucía Pachacama, coordinadora del proyecto, en los últimos ocho años los militares han capacitado a 82 691 personas, en 32 centros. “La Escuela Politécnica del Ejército (Espe) nos facilita las instalaciones y la empresa privada nos ayuda con los equipos de computación”.
Casco se ha perfeccionado como profesor. A la experiencia que adquiere en cada clase se suman sus estudios en pedagogía que realizó en la Espe. En el aula se muestra muy activo, tiene paciencia con los alumnos y utiliza un lenguaje sencillo.
“Cuando hay oportunidad, les hablo de la vida, de los sueños, de los anhelos y hasta de la felicidad”, dice en un tono amable.
Jorge Bolaños es otro sargento que quedó discapacitado después de la guerra. Ahora domina los programas de computación Windows, Office, Outlook, Front Page, Acces e Internet. Sus conocimientos en esta área le han permitido ampliar su círculo social.
Además de dictar los cursos en el Cecai, tiene personas que le contactan con instituciones y organizaciones sociales que necesitan capacitación. “En estos últimos años llegué a entender que la desgracia de la guerra me ayudó a descubrir en mí otras capacidades. Alguna vez soñé con ser profesor, pero sin prótesis”.
De los 22 instructores, sólo ocho permanecen en el Cecai. Los 14 restantes salieron del Ejército y se abrieron campo en otras instituciones. Uno de ellos es Nelson Castillo, quien trabaja para la ONU, en el desminado.
Sus compañeros reconocen que él es de las personas que pocas veces pierde la fe. “Su deseo de superación es inquebrantable y a ratos se olvida que dos prótesis reemplazan a sus piernas”, dice Casco sin ocultar su admiración.
Los tres sargentos encontraron en la informática una alternativa de superación y alivio a su discapacidad. Bolaños reconoce que si no se arriesgaba a asistir a las clases, su vida estaría marcada por el dolor y el olvido.
Los centros de apoyo
Los instructores también se capacitan en pedagogía, ‘marketing’, relaciones humanas, administración de empresas y ventas. La Espe les da facilidades.
En la frontera sur hay centros en Shell Puyo, Cariamanga, Loja, Patuca, Arenillas, Lorocachi, Gualaquiza, Celica, Taisha y Zamora.
Pues la verdad esta nota me ha dejado gratamente sorprendido, muchas veces he escuchado que Internet le cambio la vida a alguien, que "no se como pude vivir si mi computadora" etc, etc. pero esta nota lleva la situción a una nueva dimensión.
Creo que es la moderna versión de aquella antigua frase de: "Convertir las espadas en arados"
Saludos.

