Cita:
Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/907810 Un equipo que armé en 2003, y que todavía hoy funciona como proxy y firewall de Internet, ha estado trabajando en un rincón cuatro años sin que le preste demasiada atención. Tuvo un nacimiento accidentado ( www.lanacion.com.ar/514098 ), pero luego no volvió a dar problemas.
Según mi humor y las necesidades del momento, la máquina anda con Windows o con Linux. Por ejemplo, el mejor software que conozco para pasar mis compactos a MP3, el CD Paranoia , sólo corre en Linux ( http://xiph.org/paranoia/ ). Cada tanto, esa PC procesa renders 3D.
Pero, como esos chicos que no son revoltosos ni se llevan materias ni dicen palabrotas, las computadoras que salen buenas reciben pocos cuidados. Quizás esconden un problema, pero lo pasamos por alto: nunca se cuelgan, no se rompen, jamás hay que reinstalar el sistema, hacen todo bien.
Sin embargo, nadie, ni persona ni máquina, puede hacer todo bien.
A esta PC sólo se le había quemado un módulo de memoria, tiempo atrás. Por lo demás, ahí seguía, impertérrita como una silla, haciendo su trabajo prolija y calladamente, 24 horas por día, 365 días al año.
Hace unos días caí en cuenta de su currículum, sumé los años, y me empecé a preocupar. No podía estar todo bien. Lo que descubrí iba a ratificar la tolerancia de la electrónica a condiciones extremas.
Revisé cada parámetro vital del equipo y todo estaba en orden. Hasta que ejecuté el HDTune ( www.hdtune.com ) y miré, con algún sobresalto, la temperatura de los discos rígidos. Los dos Maxtor estaban a 60 y 63 grados respectivamente. Peor: no sólo se encontraban de 20 a 30 grados por encima de lo aceptable, sino que habían pasado años operando así.
La apagué y la desarmé de inmediato. Había colocado, como es usual, ambos discos uno sobre el otro, separados por un par de milímetros, en bahías superpuestas. Fuego contra fuego, literalmente. Quemaban al tacto, de hecho, y tuve que dejar que se enfriaran.
Sabía que no iba a ser suficiente, pero había que empezar por algo. Eliminé la diskettera (hacía siglos que no la usaba) y separé los rígidos dejando una bahía libre de por medio. La temperatura descendió 10 grados. Era un avance, pero al día siguiente conseguí un ventilador adicional que, por poco, serviría para impulsar un transatlántico. Así, los pobres discos rozaron la zona segura.
Pero la aritmética de este asunto me sigue asombrando. Estos dos discos trabajaron sin fallar durante 35.000 horas a una temperatura que podría hacer estallar un frasco de aerosol. Otros, de idéntica marca, me han durado menos de un año sin sufrir este castigo térmico. Concluyo, en fin, que el tiempo de vida de un dispositivo electrónico está sujeto también al más puro azar. Destino, lo llamamos, cuando se trata de nuestra propia vida. Algo es seguro, en todo caso: dejar la PC encendida todo el tiempo es cualquier cosa menos perjudicial.
Por Ariel Torres
Según mi humor y las necesidades del momento, la máquina anda con Windows o con Linux. Por ejemplo, el mejor software que conozco para pasar mis compactos a MP3, el CD Paranoia , sólo corre en Linux ( http://xiph.org/paranoia/ ). Cada tanto, esa PC procesa renders 3D.
Pero, como esos chicos que no son revoltosos ni se llevan materias ni dicen palabrotas, las computadoras que salen buenas reciben pocos cuidados. Quizás esconden un problema, pero lo pasamos por alto: nunca se cuelgan, no se rompen, jamás hay que reinstalar el sistema, hacen todo bien.
Sin embargo, nadie, ni persona ni máquina, puede hacer todo bien.
A esta PC sólo se le había quemado un módulo de memoria, tiempo atrás. Por lo demás, ahí seguía, impertérrita como una silla, haciendo su trabajo prolija y calladamente, 24 horas por día, 365 días al año.
Hace unos días caí en cuenta de su currículum, sumé los años, y me empecé a preocupar. No podía estar todo bien. Lo que descubrí iba a ratificar la tolerancia de la electrónica a condiciones extremas.
Revisé cada parámetro vital del equipo y todo estaba en orden. Hasta que ejecuté el HDTune ( www.hdtune.com ) y miré, con algún sobresalto, la temperatura de los discos rígidos. Los dos Maxtor estaban a 60 y 63 grados respectivamente. Peor: no sólo se encontraban de 20 a 30 grados por encima de lo aceptable, sino que habían pasado años operando así.
La apagué y la desarmé de inmediato. Había colocado, como es usual, ambos discos uno sobre el otro, separados por un par de milímetros, en bahías superpuestas. Fuego contra fuego, literalmente. Quemaban al tacto, de hecho, y tuve que dejar que se enfriaran.
Sabía que no iba a ser suficiente, pero había que empezar por algo. Eliminé la diskettera (hacía siglos que no la usaba) y separé los rígidos dejando una bahía libre de por medio. La temperatura descendió 10 grados. Era un avance, pero al día siguiente conseguí un ventilador adicional que, por poco, serviría para impulsar un transatlántico. Así, los pobres discos rozaron la zona segura.
Pero la aritmética de este asunto me sigue asombrando. Estos dos discos trabajaron sin fallar durante 35.000 horas a una temperatura que podría hacer estallar un frasco de aerosol. Otros, de idéntica marca, me han durado menos de un año sin sufrir este castigo térmico. Concluyo, en fin, que el tiempo de vida de un dispositivo electrónico está sujeto también al más puro azar. Destino, lo llamamos, cuando se trata de nuestra propia vida. Algo es seguro, en todo caso: dejar la PC encendida todo el tiempo es cualquier cosa menos perjudicial.
Por Ariel Torres
)
