Lleno absoluto anoche en el anfiteatro del Club de Opinión de DIARIO de MALLORCA para recibir al protagonista principal de la revolución del software libre, presidente de la Free Software Foundation y padre del proyecto GNU
Richard Stallman -un hombre pegado a una melena, una frondosa barba y a un ordenador portátil- se ha convertido, desde hace ya tiempo, en una figura bastante incómoda y en una amenaza bastante real para las principales multinacionales creadoras de software informático. Microsoft y Bill Gates y Apple y Steve Jobs incluidos.
Autopersuadido desde la experiencia de que "el mundo puede funcionar a base de software libre", y convencido de "la necesidad de defender la libertad del usuario" frente a los límites impuestos por los programadores y las licencias de los programas comerciales, Stallman ha dedicado todos sus esfuerzos a demostrar lo primero e inculcar lo segundo a toda la comunidad de programadores y consumidores.
"Llegado un momento (años 80) me di cuenta de que el usuario informático no era libre. Tome conciencia, además, de que esto era un problema que trascendía al ámbito social", recordó. "Como buen programador que era me sentí con el deber moral y con la capacidad de corregirlo a través de un software libre", añadió " y entonces decidí crear para ello un sistema operativo de código abierto o morir, al menos, de vejez en el intento".
Ahora, casi tres décadas después de esta iniciática reflexión, y tras muchos hechos consumados y pasos firmes dados en esta dirección, un Stallman convertido en gurú informático y predicador (con formas de humorista), recorre todo el mundo para compartir, con todo aquel interesado, una particular forma de entender el marco informático, perfectamente extrapolable al ámbito de la defensa de los derechos y libertades más básicos. Desde la presidencia de la Free Software Foundation, como creador y promotor del concepto copyleft -alternativa a las restricciones planteadas en los derechos de autor o propiedad intelectual para hacer y redistribuir copias de una obra determinada- y como programador de aplicaciones para su propia causa, empezando por las bases del que, definitivamente, sí, fue el primer sistema operativo de código abierto conocido, GNU.
"El usuario de hoy se ha acostumbrado a juzgar los programas por sus cualidades prácticas y esto es un grave error". Éstas fueron las contundentes palabras que marcaron el inicio del discurso de Richard Stallman anoche. "En esto sentido, es cierto, podemos encontrar un software ciertamente útil", añadió, "pero no se pueden perder de vista las cualidades éticas del mismo, y el software privativo, les aseguro, carece absolutamente de ellas".
El programador pasó entonces a explicar las cuatro libertades que según el manifiesto de la fundación que preside conforman y deben garantizar el software denominado libre -"aquel que una vez obtenido puede ser usado, copiado, estudiado, modificado y redistribuido con total autonomía"-.
La primera libertad, la "libertad cero", es la de poder ejecutar el programa con cualquier propósito deseado, "la de hacer con él lo que uno quiera". La segunda, "la primera libertad", es la de "poder estudiarlo y modificarlo desde su código fuente en función de las necesidades de cada uno". La tercera, "fundamental por las razones éticas que conlleva", es la libertad del usuario de "ayudar al prójimo" a través de la copia y distribución del software, y la cuarta, "la tercera", la de contribuir "a tu comunidad" mejorando el programa y publicando la nueva versión. "Hagan la analogía y cambien la palabra programa por receta de cocina", invitó el programador al público, "seguro que así lo entenderán mejor".
Stallman puso toda la noche un énfasis especial en la necesidad de acceder al código fuente de un programa para poder entenderlo y cambiarlo en función de gustos y necesidades. "Es la única forma de poder quitarle el poder al desarrollador", anunció, "algo necesario porque, visto lo visto, uno no puede confiar en ellos ciegamente". Por un lado, quiso recalcar, porque "son humanos" y "cometen errores sólo subsanables con una actualización, normalmente de pago, y que sólo sirve para generar otros", y por otro, y aquí quiso poner toda la carne en el asador, porque "por desgracia" los productos vienen acompañados por "funcionalidades no anunciadas de naturaleza malvada".
Funciones de vigilancia oculta y de espionaje al cliente, funciones destinadas a hacer que algo no funcione -"gestión digital de restricciones"- o funciones destinadas al ataque directo del usuario son algunos de los ejemplos que citó. Llegados a este momento del discurso, el programador se cebó de manera especial en Bill Gates y en las prácticas que viene desarrollando la empresa Microsoft, a los que acusó, una y otra vez y a través de una contagiosa ironía, "de aumentar cada día el control sobre los usuarios de Windows" y de "restringir sus acciones un poco más con cada nueva versión".
"Supongo que ésta situación no es extensible a todas las desarrolladoras privadas", añadió, para reafirmarse en que la única manera de no afrontar estas situaciones desde la "impotencia" y de poder estar seguro de que "todo es normal" es accediendo al interior del programa para poder conocerlo.
Stallman también tuvo palabras para la comunidad de programadores de software libre de la que forma parte. "Nosotros también cometemos errores, claro", admitió para recalcar que no son "malintencionados" y que la solución está abierta para todo el mundo que crea o quiera tenerla. "No podemos ser perfectos, pero siempre respetaremos tu libertad. El resultado del software libre es la democracia", concluyó entre unos calurosos aplausos.
Ya en las reflexiones finales, Stallman habló de la "casi obligación" de rechazar "por razones de conciencia",todo aquel software que obligue al usuario-consumidor a hacer la promesa legal de no compartirlo con la gente. "Les sugiero que adopten esta política", añadió.